Ví un horizonte y en el horizonte un punto. Me acerco, se expande, es un ojo negro. Entro por él como si fuera una puerta y encuentro a mi abuela pero tiene otra cara, de mujer joven; está vestida de rojo oscuro y se teje la ropa que tiene puesta. De abajo de su vestido salen un montón de pollitos bebes, ella pisa uno y me mira con una sonrisa y me dice sin hablar: Esto no se hace.
Un montón de sueños
El Bardo
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